Cayendo la niebla a sus pies,
Se desnuda poco a poco,
Canturriando, baila suavemente,
Bajo la luna primaveral.
Sonriendo a mí me interpela,
Moviendo sus caderas,
Y con sus dedos lee el mapa de mi cuerpo,
Desnudándome empieza a probar mi virilidad.
Después de asegurarse de mi capacidad,
Se echa al mar; haciendo de mí su tabla,
Remando con sus manos,
Navegando a otro mundo,
Sobre el tiempo; sobre el aire...
Tanto agitada; tanto suave,
Despega y aterriza,
Según sus deseos del amor,
Intensamente sin cansancio;
Haciendo de mi cara su brújula,
Y con sus labios dibuja;
La trayectoria del peregrinaje,
Peregrinaje largo,
Hacia una deriva determinada;
Donde se arranca de mí,
Suspirando y agotada de amor,
Me ancla a la orilla del éxtasis total,
Murmurándome al oído su mascota;
¡Navegar es amar!
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